Día 7 — Paz, paciencia y mansedumbre
Paz, paciencia y mansedumbre
«Nadie recuerda un gesto poco amable de su parte, el menor movimiento de impaciencia ante las contrariedades, una palabra de crítica o de protesta por alguna dificultad.»
«Don Álvaro representa para mí una ayuda preciosa: me resuelve todas las dificultades y, si en alguna ocasión no acierto a explicarle todo aquello que me sucede, él lo adivina y me comprende» (Vladimir Vince, 1946).
«Era verdaderamente un padre, como le llaman en el Opus Dei. Te entraban ganas de confesarte, más que de hacerle preguntas» (escritor Vittorio Messori).
«Tened paciencia [con los demás], como el Señor la tiene con cada uno de nosotros. Acogedles siempre con afecto: que puedan acudir a vosotros para recuperar el entusiasmo, después de una derrota, porque se sienten comprendidos, estimulados, ¡queridos!» (Beato Álvaro).
Petición
Dame, Señor, la afabilidad, la comprensión y la paciencia que el Beato Álvaro practicaba habitualmente, y que tanto atraía a todos los que le conocían, llenándoles el corazón de paz.
Concédeme la gracia de mantenerme sereno y de vencer el enfado, si alguien me da un disgusto, me contradice o me perjudica; y la gracia de ser paciente cuando asuntos en los que me he empeñado mucho tardan en salir o no discurren como yo quería.
Deseo evitar, con tu ayuda, las palabras bruscas, las reacciones impacientes y las protestas. Ayúdame a no hablar de nadie con dureza y a no quejarme ásperamente de nada.
Haz que sepa cultivar, como el Beato Álvaro, el arte de «saber esperar», que él aprendió tan bien de San Josemaría. Que, antes de hablar, corregir o hacer advertencias a los demás, deje pasar un tiempo razonable y sólo lo haga después de haber rezado y reflexionado con calma.
Oración al Beato Álvaro
(Rezar la oración completa)