Día 7 — La pureza de María
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial para todos los días
Oh Dios, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen preparaste una digna morada para tu Hijo, te suplicamos que, ya que la preservaste de toda mancha en previsión de la muerte de tu Hijo, nos concedas también a nosotros, por su intercesión, alcanzar la pureza que nos lleve a tu presencia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Oración del día
Dios te salve, María, Virgen Purísima: Tú que fuiste concebida sin mancha y permaneciste Virgen antes, durante y después del parto, alcánzanos por tu intercesión la gracia de custodiar la pureza de nuestro corazón y de nuestro cuerpo.
Lectura bíblica
«Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5, 8).
Meditación
La pureza de María no es solo física, sino espiritual. Su corazón estaba totalmente consagrado a Dios. Ella nos enseña que la verdadera pureza es la entrega total del corazón al Señor. Que sepamos imitarla en esta virtud.
Plegaria
Aquí se hace la petición particular que se desea alcanzar.
Oración final para todos los días
Oh Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, por la gracia singular de tu Concepción Inmaculada, alcánzanos la gracia de imitar tu pureza y tu fidelidad a Dios. Que, como tú, sepamos decir siempre «sí» a la voluntad del Padre. Amén.
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria, tres veces cada una).
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.