Novena de la Inmaculada Concepción
Día 4 de 9

Día 4 — La humildad de María

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Oración inicial para todos los días

Oh Dios, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen preparaste una digna morada para tu Hijo, te suplicamos que, ya que la preservaste de toda mancha en previsión de la muerte de tu Hijo, nos concedas también a nosotros, por su intercesión, alcanzar la pureza que nos lleve a tu presencia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración del día

Dios te salve, María, Hija del Padre, Madre del Hijo, Esposa del Espíritu Santo: Tú, siendo la más alta de las criaturas, te llamaste a ti misma «esclava del Señor». Concédenos por tu intercesión la gracia de la humildad, para que reconozcamos nuestra pequeñez y dependamos siempre de Dios.

Lectura bíblica

«Porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava. Por eso, desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones» (Lucas 1, 48).

Meditación

La grandeza de María no está en su exaltación, sino en su humildad. Ella se reconoce «esclava del Señor». Por eso Dios la exaltó sobre todas las criaturas. La humildad es el fundamento de todas las virtudes y la puerta que nos abre a la gracia de Dios.

Plegaria

Aquí se hace la petición particular que se desea alcanzar.

Oración final para todos los días

Oh Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, por la gracia singular de tu Concepción Inmaculada, alcánzanos la gracia de imitar tu pureza y tu fidelidad a Dios. Que, como tú, sepamos decir siempre «sí» a la voluntad del Padre. Amén.

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria, tres veces cada una).

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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