Espiritismo

Acto de sumisión y de resignación

Dios mío, vos sois soberanamente justo, todo sufrimiento en la tierra debe pues tener su causa y su utilidad. Yo acepto el motivo de aflicción que acabo de experimentar como una expiación de mis faltas pasadas y una prueba para el porvenir. Espíritus buenos que me protegéis, dadme fuerza para soportarla sin murmurar; haced que sea para mí una advertencia saludable; que aumente mi experiencia; que combata en mí el orgullo, la ambición, la necia vanidad y el egoísmo, y que todo contribuya a mi adelantamiento. Yo siento, Dios mío, la necesidad de rogaros para que me deis fuerza para sobrellevar las pruebas que habéis tenido a bien enviarme y que son consecuencias legítimas de mi falta a vuestra ley. Permitid que la luz sea bastante viva para que mi Espíritu aprecie en todo su valor el dolor que me aflige para salvarme. Me someto con resignación, oh Dios mío, pero ¡ay! la criatura es tan débil, que si vos no me sostenéis Señor, temo sucumbir. No me abandonéis, porque sin vos nada puedo. He levantado mis ojos hacia ti, ¡oh Eterno! y me he sentido fortificado. Tú eres mi fuerza, no me abandones, ¡oh Dios! Estoy abatido bajo el peso de mis iniquidades, ayúdame; tú conoces la debilidad de mi carne, ¡no apartes tu mirada de mí!
VozVelocidad
Descargar PDFMás para Protecci??n

Sé el primero en valorar esta oración

Testimonios

Aún no hay testimonios. Comparte tu experiencia.

Comparte tu testimonio

Será revisado antes de publicarse.