Dios clemente y misericordioso, no permitas que ningún alma se pierda para siempre. Acuérdate, Señor, de aquellos que en este mundo se entregan al mal, oprimen a sus semejantes, derraman lágrimas ajenas o vierten sangre inocente.\n\nMuéstrales, por las pruebas que un día les alcanzarán, el daño que hacen y a sí mismos se preparan. Haz que en su soledad oigan tu voz interior, y que los buenos Espíritus, que jamás abandonan a ninguna criatura, susciten en ellos pensamientos de arrepentimiento. Si la luz de tu verdad pudiera por un instante penetrar su tiniebla, sea bendito tu santo Nombre, pues con un solo arrepentimiento sincero se inicia su rescate.\n\nEnviamos a estos hermanos extraviados pensamientos de paz y deseo de bien, en nombre del Maestro que dijo: «Amad a vuestros enemigos». Así sea.
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