Dios todopoderoso, te doy gracias por los bienes que me concedes, no obstante mi indignidad. Mi voz se une a la de todas las criaturas para celebrar tu misericordia infinita. Si fuera grande sólo por la elocuencia, ¡con qué transporte cantaría tu gloria! Pero soy un ser humilde, y los gritos de mi corazón valen más, ante tus ojos, que las palabras pomposas.\n\nGracias, Señor, por permitirme, después de la prueba, encontrar el bienestar y la alegría. Que estas bendiciones no me hagan olvidar a los que sufren, ni el deber que tengo de socorrerlos. Si me has dado bienes terrestres, recuérdame que de ellos no soy más que el depositario, y que debo emplearlos en hacer el bien. Si me has concedido tu protección sobre las personas que me son queridas, no permitas que yo, por mi parte, sea ingrato contigo.\n\nPor todas las cosas, recibidas o esperadas, sean buenas o aparentemente malas, alabado sea tu santo nombre, Señor de bondad. Así sea.
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