Día 1 — María, madre de Jesús, Salvador
Acto de Contrición (para todos los días)
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.
Oración inicial (para todos los días)
Santísima Virgen María, «la que desata los nudos», te ofrezco esta novena pidiéndote por las siguientes intenciones: (aquí se dicen y recuerdan los favores que se quieren alcanzar).
Lectura bíblica
«Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de todos sus pecados» (Mateo 1, 21).
Breve reflexión
Jesús es el gran desatador de nuestros pecados (nudos); pero también la Virgen María es la que le dio su carne y su sangre para que, hecho hombre, pudiera salvarnos del pecado y de la muerte. Dios se valió de una mujer para salvarnos; también se quiere valer de nosotros, como instrumentos para que su Hijo Jesús nos siga salvando.
Oración a Nuestra Señora, la que desata los nudos
Santa María, llena de la presencia de Dios, durante los días de tu vida aceptaste con toda humildad la voluntad del Padre, y el maligno nunca fue capaz de enredarte con sus confusiones. Ya junto a tu Hijo intercediste por nuestras dificultades, y con toda sencillez y paciencia, nos diste ejemplo de cómo desenredar la madeja de nuestras vidas. Y al quedarte para siempre como Madre Nuestra, pones en orden y haces más claros los lazos que nos unen al Señor.
Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra, Tú que con corazón materno desatas los nudos que entorpecen nuestra vida, te pedimos que nos libres de las ataduras y confusiones con que nos hostiga el que es nuestro enemigo. Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo, líbranos de todo mal, Señora Nuestra, y desata los nudos que impiden que nos unamos a Dios, para que, libres de toda confusión y error, lo hallemos en todas las cosas, tengamos en Él puestos nuestros corazones y podamos servirle siempre en nuestros hermanos. Amén.
(Se reza una decena del Santo Rosario: Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria).